Tus movimientos se aceleran, pierden la fluidez de la libertad y se notan explosivos, quizas desesperados.
En el ojo de tu mente hay lazos atandote, cual titere a la voluntad de su espiritu, ignorando completamente tus deseos...
Asfixiando tu espiritu.
La sensación de opresión crece mientras bailas, la ira se cultiva, la integras a tu baile. Deliberada, agresiva, fuerte.
Empiezas a sentirte plena en ese estado. De alguna manera el reto y la promesa de rectificación te dan permiten imaginar que hay una realidad donde puedas ser plena, y sospechas que ese lugar se encuentra lejos de aqui.
Por eso tienes un plan; ya has preparado tus maletas, pronto huiras a la casa de campo de Calina. Sus padres tienen un departamento en la costa que solo usan un par de meses al año. Alexey, su hermano mayor, ya hablo con el personal del fraccionamiento para que sepan de tu presencia. Y tus padres no tienen el contacto de los de Calina. La conociste en un campamento inter-escuelas, y la amistad se ha conservado con encuentros esporadicos y muchas charlas por internet.
Tu pensamiento se corta en seco.
Sientes una mirada, y rapidamente encuentras el seño de tu madre, ilegible y distante. Mirandote desde el balcon de tu abuela.
De tu mente escurren los pensamientos que hace un momento la ocupaban completamente. Como agua deslizandose por tu cabello. Las ideas de rebelion, el plan con Calina, tu ira...
Intentas leer algo en su rostro... Te das cuenta que no es la primera vez, el calido confort de la inconciencia se aproxima.
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Fin del camino.
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domingo, 17 de mayo de 2015
lunes, 6 de abril de 2015
Caminando entre sombras 5
Intentas luchar con la puerta
No tardas en darte
cuenta que aun con ayuda del exterior la puerta metálica y descuadrada por el
movimiento del edificio no abrirá.
Román forcejea
junto contigo por lo que parece una eternidad.
En algún momento
te detienes exhausta, y escuchas que el descansa también.
Te dice que
esperes, que traerá algo que usar de palanca, ya que han logrado abrir un
resquicio de una decena de centímetros en la esquina superior de la puerta. Te
das cuenta que el exterior es oscuro en cuanto el parte, tu sabes que solo
ciertas oficinas reciben luz natural.
Y no puedes más
que sentirte frenética.
Es descansando
sobre la puerta que decides prender una vez más tu teléfono buscando confort.
No le has hablado a familia o amigos, quizás sea momento.
Y la verdad es que
no imaginas que podría usar Román para sacarte de aquí, o quien en su sano
juicio coloca puertas metálicas en los sanitarios de edificios de
oficinas.
La poca luz de la
pantalla de tu teléfono te permite darte cuenta de tu situación, eres un
desastre de sangre y lodo. La puerta con la que forcejeabas pareciera sacada de
una exagerada película de terror.
Te miras en el
espejo, tu cabello revuelto, una cortada en tu rostro sangra más profusamente
de lo que imaginaste en la oscuridad.
Una cortada hecha
con... los pedazos de espejo en el suelo...
Miras con terror
tu reflejo en un espejo inmaculado. Entero.
Asustada dejas
caer el teléfono, que parpadea un par de veces antes de apagarse en el agua.
Ahogas un grito e intentas entender que sucede mientras buscas una pared en la
cual recargarte, el mundo aparte de haberse sumergido en la oscuridad,
pareciera haberse difuminado de tus otros sentidos.
Sigues luchando con
tu propia mente para lograr concentrarte, te preguntas si la falta de sangre te
está haciendo alucinar.
Todas estas ideas
escapan tu mente, en el momento en que caes de espalda por el marco de la
puerta hasta hace un minuto cerrada.
En el suelo,
sorprendida por los acontecimientos permaneces quieta mientras tus ojos se
acostumbran a la poca luz.
Quisieras
entender, pero no hay tiempo para eso. Ves la silueta de un hombre de
abandonando la habitación. Un hombre de espalda anchas y un casco
amarillo.
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¿ Que harás ahora
?
jueves, 2 de abril de 2015
Al filo 2.5
Y
bailas, sin remordimiento bailas y te dejas ir.
Hay
un éxtasis trascendente en moverte. Siempre lo has sentido, siempre has sido consiente
de la conexión entre un bailarín y su cuerpo.
Más
allá de las enseñanzas del ballet clásico, de las cuales eres recurrente desde
los 3 años, de alguna manera desde que tienes memoria habita en ti esta idea;
El movimiento del bailarín es en realidad el universo expresado atravez
de la lente de su alma.
Al
menos así lo dijo Diana. Tú, sabiéndolo verdad a un nivel más profundo de lo
evidente, lo aceptaste y empleaste como bandera en tu persecución de formas innovadoras
y creativas.
Eso
por supuesto te ha traído problemas más de una vez en la vida. Tu familia es un
icono de pedigree en el ballet nacional, y tu madre, habiendo cortejado por
años la posición de Prima Ballerina, abandonó ese sendero para casarse con un
influyente empresario a los 23 años.
Ella
nunca ha aprobado tus experimentos e interpretaciones. Relegando al olvido
cualquier clase de estímulo y oportunidad de transitar un sendero distinto al
que eligió para ti, al punto en que lo que haces ahora pareciera un crimen que
ejecutar a escondidas y en solitario.
Y
eso te hace enojar enormemente...
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